miércoles, 3 de marzo de 2010

  • § Confesiones secretas de un futuro nazi a los 11 años.

Mi abuela intento, otra vez, que fuera con ella a la capital, pretendía que me expusiera a peligros desconocidos para mí. Solo de imaginarme las personas peligrosas que deben a ver allí fuera me da pánico. Esta vez, para zafarme de ella, tuve que mentirle… me costó mucho hacerlo, pero creo que adquirí los dotes artísticos de mi madre Alice. Como extraño el sonido de su voz todas las mañanas al despertarme, extraño nuestras clases de etiqueta, ella no me propinaba un golpe con la regla como lo suele hacer Sir Ottis. Mi padre era el de los golpes suaves, pero estaba en todo su derecho de hacerlo, pues lo hacía cuando sabía que le mentía, por ello intento no mentir nunca, para que él no me castigue con sus golpes. Sé que está muerto, pero también sé que me acompaña, de alguna manera lo hace, él y mi madre prometieron una vez que no se separarían de mí nunca, que estarían presentes cada minuto de mi vida, yo les creí y les creo. Sé que no me mentirían nunca. Mi padre era un hombre bueno, pues siempre me protegía a mí y a mi madre de los ratones devora hombre que entraban a nuestra mansión por las noches, aquí, en la casa de la abuela, no hay. Por eso sé que mi padre era bueno, los hombres buenos no mienten.

Tengo miedo de despertar una mañana y no estar vivo. Quiero vivir para así encontrar a la mujer que asesino a mis papis y preguntarle por qué acabo con la vida de ellos, cuando eran tan buenas personas. Ahora no puedo porque soy muy peque, me da miedo salir a la calle, además de que mi abuelita no me dejaría. Pero cuando sea grande si lo haré. También cuando sea grande viviré solo y no tendré amigos como los de Hogwarts, donde me obligan a ir, porque las personas son malas, menos mi abuelita. Cuando sea mayor y tenga una casa, bajare a la cocina cuando escuche a las ratas devora hombres, y las mataré yo solito, como solía hacer mi papi.

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