lunes, 28 de junio de 2010


Rebelde con causa. }

Cynthia Leroy. // Tercera Persona.

Sus cabellos negros bailaban al compás que le imponía la brisa que se colaba por la ventana del despacho del conserje. Su mirada cristalina, esta vez no reflejaba rabia o descontento con aquello que le rodeaba, aquel día tan solo tenía ganas de salir corriendo, ha cualquier lugar donde pudiera estar sola. Aunque de por sí, toda ella estaba sola. No tenía amigos de verdad, ¿quién se velaba por ella en aquel castillo? Nadie. Desde que su hermano había acabado Hogwarts, Cynthia estaba más sola que la una. Tenía compañeros, si muchísimos, con los que salir por ahí de fiesta todos los fines de semana, pero más allá de eso no había nada. Ella no tenía nada, era una miserable, así como la había llamado una chica de Grynfindor. Alguna que otra vez, algún chico de Hufflepuff, había tenido el descaro de decir, que la morena se comportaba de tal forma, por la soledad que se escondía en su cuerpo. ¡JÁ! Esa era la mayor mentira que cualquier persona hubiera escuchado. Cynthia estaba sola, pero ese no era el motivo de su forma de actuar. Un motivo que pudiera excusar su forma de actuar no había, ella era así porque quería, porque le hacía feliz mostrarle a los demás lo poca cosa que eran en el mundo, que su presencia sobraba y que solo hacían que el calentamiento global aumentaran. ¡Ingenuos! Cynthia era más fuerte, de lo que alguna vez ellos serían, Cynthia Leroy, no se dejaba pisotear por nadie, era ella quien pisoteaba a los demás como unas cucarachas, como lo que eran. Pensamientos así eran los que hacían que la francesa volviera a mostrar esa mirada de odio que empañaba sus ojos azules. Dio un puñetazo en la mesa y se puso de pie. ¡Puto conserje! El castigo lo haría luego, o nunca, pero la morena no podía soportar más tiempo dentro de aquel cuchitril.

Eran necesarias más de unas palabras para derrumbar a Cynthia Leroy.

domingo, 27 de junio de 2010


Blood. Do you like it? }

Una noche de verano del año 2009, un joven de cabellos castaños deambulaba con andares elegantes, sencillos y a la vez rápidos. Su persona apenas era visible ante los ojos de cualquier humano. Los árboles eran su punto de apoyo y visualización; buscaba a su siguiente víctima entre la penumbra. Su sed, se intensificaba a medida que el olor a sangre se adentraba por sus fosas nasales, una cantidad de humanos pasaban a pocos metros de distancias de él, no podía seguir resistiéndose a semejante banquete, mas debía controlarse, debía demostrarle a su creador que era capaz de controlar sus impulsos a la hora de la verdad. Su punto final era la bahía, tenía que estar allí en el menor tiempo posible, sin seguir realizado aquel tipo de pausas para dejar que el olor se perdiera en su cuerpo. Inspiro profundamente y volvió a correr a la velocidad de la luz. De reojo podía ver las luces borrosas que se formaban al ir a aquella velocidad, si bien, el corría a una velocidad extrema, porque le gustaba sentir la adrenalina subir por lo que una vez fueron sus venas. Se detuvo en seco al sentir el olor del mar, ya había llegado al punto de encuentro.

-Vaya, vaya, pero si es el joven Ayrton. ¡Llegando a la hora acordada por primera vez! – Aquella voz le irritaba los oídos, hubiera vomitado si pudiera.

-Cierra la boca, imbécil. – El castaño gruño sin pensárselo. El joven a su lado podía ser mayor que él, pero aquello no le daba motivos para hablarle de aquella forma. Odia tener que ver su rostro pálido cada vez que a su creador le diera la gana. – Vamos al grano, Thierry.- El aludido tomo un gesto serio y se dispuso a hablar.

-No lo he conseguido, lo siento. Había demasiadas personas dentro. – Ayrton suspiro, intentando relajarse ante lo que acababa de escuchar.

-¿Qué? ¿No lo has conseguido?- Le mostro los colmillos y, sin pensarlo dos veces se abalanzo sobre Thierry y lo estampo contra el tronco que sostenía el puente a su lado. - ¡Imbécil, llevo dos semanas sin alimentarme, obedeciendo las ordenes de mi creador, soportando el olor a sangre humana, escondiéndome como un criminal cuando creía que no podía soportar más y tú me vienes ahora con que no pudiste robar un miserable hospital y llevarte un poco de sangre!- Su respiración se agitaba de forma descontrolada, y cada segundo sus manos se aferraban más a la garganta de Thierry. –Debería matarte.- Susurro.

- Ya estoy muerto. – contesto Thierry con dificultad, intentado quitar las manos de Ayrton de su cuello. ¿Cómo es que se atrevía a hacer bromas en un momento así? Simplemente, Ayrton no le soportaba.

- Vuelve abrir la boca y me encargaré de quemar tu cuerpo con mis propias manos. – Le gruño por última vez y le dejo caer en el suelo. Ahora sí que estaban en un buen lio. ¿Cómo iba a alimentarse? Ya hasta se sentía débil en todos los aspectos por falta de sangre. Su creador, le había prohibido alimentarse de humanos a menos de que fuera extremadamente necesario. ¿Aquella era una situación extremista? Su garganta le decía que sí, pero su cerebro le decía otra cosa. – A la mierda.- susurro. Iba a alimentarse aquella noche, mordería tantos cuellos humanos que los colmillos le dolerían; las consecuencias serían grabes, pero valdría la pena.