viernes, 8 de octubre de 2010

Noris, Günter Noris.

Todo a su alrededor carecía de importancia. Cada cosa que sus ojos azules divisaban, tenía menos importancia que la anterior. Por ello, su mente despego lentamente de la tierra e inicio su viaje a través de la nubes, atravesó estas, hasta que las perdió de vista. Ahora no había más que oscuridad a su alrededor y pequeños puntos brillantes conocidos como estrellas. Se perdió en el espacio, mientras los minutos pasaban lentamente. El tictac de su reloj de muñeca, llegaba hasta sus tímpanos, pero a medida que marcaba los segundos, el sonido se iba haciendo más insonoro, hasta desaparecer por completo. Mientras no hacía más que perderse en su mundo, mantuvo los ojos abiertos, observando algún punto fijo inexistente, tan solo para dar la idea de que solo estaba atento a lo que pasa frente a él. De igual forma, el café en el que se encontraba, comenzaba a vaciarse, aunque de eso, él aún no se percataba. Continuaba observando la oscuridad que le inundaba el espacio, que ahora, por algún motivo, había perdido las estrellas que hacía solo minutos le inundaban. Como todo en su vida, había perdido la luz, todo se encontraba en la inmensa penumbra que él mismo había formado, tal cual, así como le gustaba, como siempre estaba, bajo la penumbra, en la oscuridad, a la que la mayoría de las persona le temían, como si tal cosa fuera a acabar con sus vidas. – Vamos a cerrar, debe irse. – Una voz ronca deshizo el espacio negro en el que había estado volando su mente, y de golpe le trajo a la realidad. Observo al hombre de gran tamaño que se hallaba detrás de la barra con aspecto desaliñado. El alemán lo miro por encima de los hombros, alzando una ceja. – Que mal servicio… - comenzó a decir con aquella voz gruesa que poseía. Llevo la mano derecha al bolsillo de su pantalón y extrajo un par de monedas. – Quédate con el cambio, aunque creo que no te hará falta. – Susurro sin más. Acabo el whiskie de fuego que quedaba en su copa y se dispuso a salir del bar. En cuanto estuvo en la salida, dirijo una última mirada al dependiente del bar a través de la venta y sonrió, aunque el hombre no le estaba observando. Bufó a causa de la indignación; el hombre le había saco de sus pensamientos para echarle, esa no era forma de tratarle a él. Se dispuso a caminar, mientras lo hacía chasqueo los dedos y en ese preciso instante, el bar de donde había salido, prendió en llamas.




Deambulo por las calles del mundo mágico con total libertad. No había duda que lo suyo era exhibir sus habilidades, sobre todo con la varita; en el mundo muggle, claro está, no podría usar la magia con la libertad con la que podía usarla el mundo mágico. Por ello siempre que podía, y su trabajo se lo permitía, volvía al mundo mágico para actuar como lo que era, un mago. Enormes bares y discotecas se alzaron ante sus pasos. A causa de la cercanía a la que estaba el mar, el olor de este a travesó sus fosas nasales como el más exquisito de los olores. Aspiro profundamente mientras cerraba sus ojos. Al abrirlos, sacudió el polvo de su hombro, como una simple manía de superioridad. Arrastro su mirada penetrante por su alrededor y escogió al azar la discoteca a la que ahora entraría para pasar las horas de la noche. Los sábados por la noche era su momento favorito de la semana, el hecho de entra a una discoteca repleta de personas perdiendo el control, le divertía, no solo porque él también perdería el control –cosa que intentaba controlar- sino por ver el resto de persona rebajarse y hacer parecer sus vidas mucho más miserables. Sonrió, como si un chiste hubiera cruzado por su mente. Se abrió paso entre la multitud para entrar a la discoteca BoraBora, dentro de esta el ambiente era el adecuada para su gusto. El hecho de que un montón de estudiantes de Hogwarts, del último curso, fueran a parar allí, hacia que el lugar luciera mucho más descontrolado. Con paso firme camino hacia la barra, espero que el mesero se acercará a él y pidió un vaso de vodka para empezar. Se dio vuelta en dirección a la pista de baile, pensando si adentrarse en ella o no. 

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