sábado, 10 de abril de 2010

  • § Confesiones secretas de un futuro nazi a los 16 años.
Estaba equivocado. Mis padres no fueron asesinados por una mafiosa, si no por una judía. Es frustrante pues ahora nada tiene sentido. ¿Ahora qué se supone que haré? ¿Continuaré con mis planes de ir a Italia y de entrar a la mafia? Puede que sea mejor que entre a la mafia, de esa forma podre localizar de manera más sencilla a la tal Circe y el resto de su familia. Pobre ilusa, ¿matarme a mí? Me rió en su cara. Y lo más triste es que es una mujer, una poca cosa. ¿Por qué mi tatarabuelo se acostó con una judía? O en otros términos, ¿por qué la violo? Porque quererla seguro que no la quería. Se trataba de la época nazi, mi tatarabuelo era nazi, debía de sentir repulsión hacia aquella desconocida, pero puedo jurar que lo que le preocupaba era su necesidad de sexo. Y por una parte le comprendo, hay que velar primero por nuestras propias necesidades, aunque yo me lo hubiera pensado dos veces antes de hacer aquel acto.


Circe… vendría siendo una prima lejana, una prima judía ¡Lo que me faltaba! Y ahora que lo pienso con más detalles y de una forma más relajada, caigo en la conclusión de que mi abuela pretende que yo tenga hijos, lo sé por aquel comentario que me provoco tanta risa. Es cierto que soy el único Noris Wender capaz de mantener a la familia, de reproducirla. Pero el hecho de tener hijos me repugna. Podría ser Amara una buena candidata para ser madre de mis hijos, pero no es más que una simple empleada y muy poca cosa en términos completos, más la personalidad que posee es digna de una buena madre. Pero en tal caso, de que engendrase hijos, estos perderían el Wender, por lo que aquella “tradición familiar” tendría que perderse. Eso no sucederá, pues descendientes de aquel apellido aún estarán, que vendrían siendo mis futuros hijos –si decido tenerlos-. No debo de preocuparme por eso ahora, aún me queda mucho por vivir, solo tengo dieciséis años, me queda todo una vida por delante.

jueves, 8 de abril de 2010

Un poder y una verdad#

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{ Narrador: La muerte // Primera persona. }

Se desconoce el origen del poder que ahora me limito a describir con lujos y detalles. Hasta la misma persona poseedora de dicho poder desconoce que lo tiene. Está persona es capaz de fulminar a alguien con la mirada, y no, no hablo literalmente. El joven alemán de nombre Günter Leopold Noris Wender, nacido el cuatro de diciembre, es el único ser racional poseedor de un poder difícil de describir, pues el objetivo del poder no está del todo claro. Günter es capaz de crear sensaciones en las personas a través de su mirada, es capaz de contradecir a alguien con tan solo mirarle fijamente. No necesita más que pensarlo para lograr su cometido. Ejemplos para afirmar que este hecho es real, existen muchos. Günter, como buen conocedor del poder que ejerce su mirada sobre los demás, usa este poder a su antojo, obviamente para beneficios plenamente propios. Günter cree, que pensando en cosas que estén relacionadas con el tipo de emociones que quiere expresar a través de sus ojos verde azulados, lograra hacer sentir a las personas de tal forma, pero no se trata de eso. El poder es como una parte del cerebro de Günter que está presente en todo, es como una especie de conciencia pues hará todo aquello que el crea necesario, no es Günter quien domina su mirada y lo que quiera expresar a través de está, es sudon que actúa de una forma que resulta totalmente similar a la personalidad del moreno, este don que actúa de la manera en que le plazca, pero acorde a la personalidad retorcida que posee el alemán. Porque este poder ha sido hecho para el moreno, puede que el poder haya sido recreado por el mismo, esto podría deberse a la gran utilización que realiza el alemán con su fulminante mirada.

Pero como nada es perfecto, este don tiene un defecto. Pues deja que las emociones que inundan el cuerpo del alemán sean demasiado visibles para cualquier otro ojo humano que tan solo vea de reojo los ojos del alemán. Es fácil para los demás descifrar si el moreno está molesto, pues sus ojos brillan de una forma un tanto descomunal y muchos afirman a ver visto una chispa roja, como fuego, en los ojos del joven, aunque este lo he sabido luego de recoger sus almas. ¿He olvidado presentarme? ¿Dónde quedaron mis modales? Soy la muerte. Aquella a la que tantos temen y la que otros muchos la buscan, como el caso del alemán, ¿acaso no es obvio que lo único que desea el joven Günter es morir? Aquello puede notarse a kilómetros de distancia. Es cierto que no le teme a nadie ni a nada, que carece de sentimientos, porque yo lo he comprobado. A veces pienso que quiere parecer a mí, pero un día me dispuse a seguir sus movimientos, a entrar en su mente y leer sus pensamientos y me di cuenta que no quería ser como yo. Es un muerto viviente. No siente como el resto de seres humanos. Puede que tenga cariño hacia algunas personas, pero no, no es cariño, es importancia y nada más, esa importancia no podría calificarse como amor, pues si algo les sucediera a esas personas no sufriría, tan solo se sentiría más vacio de lo normal al notar la ausencia de dichos individuos. Ese ser humano llamado Günter, no tenía un corazón que amará ni que odiará, porque él no odia a nadie, eso sería darle demasiado importancia a personas que no valen la pena, aunque cuando una persona le es demasiado insoportable, procura acabar con su vida a paso a paso, pero los casos son esenciales y las personas que han sido insoportables para el moreno no han vivido para contar aquella experiencia única.

Günter es una clara especie en peligro de extinción.

Recuerdo la primera vez que acabo con una vida. Yo fui a recoger el alma del hombre antes de que él acabara con su vida, por simple curiosidad. Había asistido antes de tiempo para disfrutar de tal entretenimiento. Günter parecía tener mucha experiencia en los asesinatos, pues había utilizado la magia para hacer cada cosa, no toco ni un solo pelo del hombre y antes de salir del hogar del director había limpiado toda la casa con hechizo rápido y sencillo, era tan hábil, tan listo. Y a la vez tan insensible, tan insensible que dejo al hombre sin un ojo, pero eso no tenía mayor importancia. Al menos tuvo la delicadeza de matar primero al hombre antes de quemarlo y de sacarle un ojo.

Y al final me he salido del tema. Que despistada.

miércoles, 7 de abril de 2010

Günter, ¿a quién has matado? #

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Las manos del moreno se hallaban abarrotadas de sangres al igual que sus ropas. Sus ojos brillaban, y el morbo que recorría su interior era tan satisfactorio para él que no podía explicarlo, era como una especie de placer, pero mucho más placentero que cualquier otra clase de placer por el que hubiera sido sometido antes. El sexo se quedaba corto ante aquel momento.

Se había comportado como una bestia a la hora de acabar con la vida de aquel hombre, el cual era el director de la escuela de magia a la que asistía. Y como muestra para él mismo, de que había acabado con la vida de alguien y que no se trataba de un sueño, había extraído el ojo derecho del hombre de su cavidad, tan solo necesito la fuerza bruta para lograr su cometido. Quemo el cuerpo luego de torturarlo y las cenizas las esparció por la entrada de la escuela de magia. La magia le fue de gran utilidad para realizar aquel acto maquiavélico. Pero el acto ya estaba hecho, ahora tan solo tenía que deshacerse de sus ropas y actuar con naturalidad e intentar deshacerse de ese brilló que el mismo era capaz de visualizar en sus ojos. ¡Mas era frustrante que esa niña vigilara cada uno de los pasos del alemán! Que no se fuera a la cama hasta que Günter, su Günter, llegara a la casa, hasta que él estaba profundamente dormido ¿Debería considerarse eso una especie de obsesión por parte de ella? ¡Pues sí! No podría tratarse de ninguna otra cosa.

-¿Qué has hecho, Günter?- Pregunto Amara con un gesto de temor en su rostro al ver el aspecto del moreno. El moreno bufó y subió las escaleras de piedra que conducían al piso superior y, como era de esperarse, Amara le siguió. El moreno cerró la puerta de habitación y puso el seguro, seguidamente se despojo de su vestimenta y se dispuso a darse una ducha rápida, pues el cansancio ya había llegado a su anatomía. Cuando el sol saliera vería la forma de deshacerse de la ropa manchada de sangre. Dejo el ojo sobre la cama y entro a la ducha. Por otra parte, Amara bajo hasta la cocina, donde su madre guardaba la llave de todas las habitaciones de la mansión, por lo que podía suponerse que la cantidad de llaves era interminable, la diferencia estaba en que Amara conocía la llave que pertenecía a la habitación del alemán, no era la primera vez que invadía su morada. La joven tomo la llame y subió a la habitación del joven, abrió la puerta y lo primero que vio fue el ojo del director de Günter en la cama. Sus ojos se abrieron como platos, pero se guardo ese grito que le temblaba en la garganta. Cerró la puerta detrás de ella y permaneció allí, quieta, hasta que su amado saliera del baño.

Minutos más tarde la espera de Amara culmino. El joven alemán salió del baño; una simple toalla rodeaba su cintura y le cubría más abajo de sus rodillas. Las gotas de agua caían a través de su cabello castaño oscuro. El aroma masculino que desprendía su colonia invadió hasta los más impenetrables rincones de la habitación. Y todo aquello hizo olvidar a Amara el motivo de su espera; él era tan perfecto para ella, que era capaz de olvidar todas las acciones incoherentes que él hacía con tan solo verle, pues sus ojos verdes azulados mostraban a ese niño del que ella un día se había enamorado eternamente. Dulce y asqueroso a la vez. Los pequeños cabellos que caían sobre la nuca del moreno se erizaron, tubo esa sensación de que alguien estaba observándole. Miro sobre su hombro y allí estaba ella, rígida como una piedra, clavando los ojos en él. Günter fue capaz de ver ese miedo que se escondía tras la fachada de niña inocente. – ¿Günter, que has hecho? – Pregunto ella casi a gritos en cuanto aparto la mirada del alemán y observo por error el ojo que descansaba sobre la cama de este mismo. - ¿Qué haces en mi habitación? ¿Qué te he dicho de entrar sin mi permiso? – El alemán enarco una ceja. – ¡Te he hecho una pregunta! – Emito ella y él se dispuso a buscar ropa en su armario, no tenía ganas de discutir, todavía no. – No hace falta que grites. – Sereno y calmado. Extrajo de una de las gavetas una camisa y un pantalón de dormir. - ¿A quién has matado? Al director. – Ella misma respondió a su pregunta y se llevo una mano a la boca sorprendida. - ¿Cómo has podido? – El alemán ya estaba llegando a su límite ¿Cómo es que ella sabía todo aquello? ¿Le había estado siguiendo durante toda la noche? O… - Has leído mis diarios. ¿Cómo te a través a tocar mis cosas? ¿Cuántas veces te he dicho que no entres a mi habitación en mi ausencia? ¿Cuántas veces he de decirte que no te metas en mi vida? – el pantalón ya había llegado a su cintura, mas su pecho continuaba desnudo. Dio un par de pasos hacia ella y clavo su mirada asesina sobre la de ella. Sus ojos chispeaban fuego y veneno a la vez. – ¡Eres un miserable! Eres un maldito miserable, eres un cabrón. ¡Cerdo, animal! – La muchacha apretó su mandíbula al igual que sus puños, tenía ganas de partirle la cara a Günter, ¿Cómo podía ser tan insensible? ¿Por qué había matado a ese hombre? ¿Qué era lo que hacía su vida tan miserable para que actuara de tal forma? – Y si soy tan miserable y cabrón soy ¿qué haces metiéndote en mi vida, poca cosa? ¡No me hagas perder los estribos contigo, Amara! Te obligo a que me respetes. – Comenzó a decir el alemán. – No eres quien para hablarme de esa forma, no eres más que una empleada del montón, por ende debes respetarme. Soy superior a ti en todos los aspectos. – La joven, por su parte, no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas sonrosadas. ¿Cómo podían decirle esas cosas después de todo lo que habían vivido juntos? Quería mandarle a la mierda y no verle más nunca en su vida. Quería dejar de sufrir por su culpa. Pero no podía, el amor que sentía por él iba más allá de la razón, no podía dejarle solo, porque ella más que nadie, sabía el porqué de esa personalidad tan escrupulosa que se había formado el alemán por la fuerza. No podía dejarle, ella sufriría sin él y él igual, tan solo que él sufriría de una forma diferente. El alemán respiro hondo al ver que Amara no daba señales de respuesta. Se volvió hacia el ojo, lo tomo y lo guardo en un gran cofre que se haya al pie de su cama, en el cual guardaba aquellos artefactos que era de su importancia; se retiro del cofre y se volvió hacia la ventana, se mantuvo de pie allí observando la oscuridad que inundaba al jardín trasero. - ¿Me dirás que has hecho? – Amara camino hasta él y su mano cálida acaricio el hombre de su compañero, con la mano contraria limpio los resto de lágrimas que quedaron en sus mejillas. – No. Luego lo lees en mi diario, con lujos y detalles. Seguro que será más entretenido – La ironía parecía salir de forma gaseosa a través de sus labios. – No, no lo será, me aburre leer lo sabes. – Una carcajada salió a través de sus labios. – No intentes arreglarlo. – El joven la miro enarcando una ceja. – Günter. Tienes que superarlo. – Mordió su labio inferior y sostuvo la mira del aludido, este la miro confuso. - ¿Superar, qué? – Amara respiro profundo, pues sabía que con eso solo empeoraría las cosas, mas no podía quedarse callada, ¡no podía callar sus pensamientos! – La muerte de tus padres. – El joven soltó una carcajada ante tal comentario, ¿superar la muerte de sus padres? Ya lo había hecho. – Tú no entiendes nada, niña. La muerte de mis padres ya está en otro capítulo, no tiene importancia en mi vida, ¿qué te piensas? ¿Qué actuó de tal forma por la ausencia de mis progenitores? Que equivocada estás. – Su mirada se clavo en el reflejo de su rostro en la ventana y negó con la cabeza. – Deja de meterte en mis asuntos, o terminaré lastimándote aún más. – Ella negó con la cabeza y con sus brazos rodeo su cuello logrando quedar cara a cara con él. – No lo harías. – Logro ponerse de puntillas para alcanzar la altura del moreno y de esa forma posar sus labios sobre los de su compañero. – Sí lo haré. – Bisbiseo él sobre los labios de ella, mientras rodeaba la cintura de la chica con sus bien formados brazos. – Que no. – Repuso ella entre risas y se perdió en los labios de su hombre favorito. Ella sí que sabía cómo hacer que el alemán olvidará que estaba molesto con ella, pero no se quedaría así, tarde o temprano volvería a discutir por las ocurrencias del alemán o por la curiosidad y preocupación de la chica. Eran tal para cual.

lunes, 5 de abril de 2010

Es hora de saber una verdad más, Günter. #

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El joven Günter se hallaba en sus aposentos, a los cuales todo el mundo tenía prohibida la entrada en su ausencia. El porte masculino que había adquirido con tan solo dieciséis años, le hacían aparentar más edad de la que poseía y él se aprovechaba de aquel hecho. Un “tock tock” llego a sus oídos, mientras se perdía en el tiempo y el espacio leyendo un viejo libro que había encontrado por casualidad en la biblioteca de su mansión. – Adelante. – Logro escuchar la hija del ama de llaves al otro lado de la puerta. – Señorito Günter, la señora Wender requiere de su presencia en la biblioteca. – Inquirió la muchacha luego de entrar a la habitación. El joven arrastro su mirada hacia la joven y le sonrió con picardía. – En seguida estoy con ella. – Repuso él mientras su mirada se perdía en el escote de la mujer. A esa edad ya había adquirido aquella obsesión sexual que tenía hacia las mujeres, y aquella niña era una mujer demasiado sensual e irresistible a los ojos del alemán. La niña, la cual tenía más o menos la misma edad que el alemán en aquel entonces, se disponía a retirarse, mas el joven era más rápido que ella. La tomo por el antebrazo, la hizo entrar a la habitación y cerró la puerta tras está. – Amara, ¿qué tal si está noche vienes a hacerme una pequeña visita? – El moreno alzo una ceja y acerco su rostro al de la muchacha, que parecía estar totalmente acostumbrada a ese tipo de acosos por parte de él. Las manos del alemán se cerraban entorno a las muñecas de la chica y descansaban sobre la parte superior de la puerta de la habitación. – Lo siento, no puedo. – Respondió secamente la muchacha retirando la mirada de los cristalinos ojos del alemán. - ¿Es eso acaso un rechazo, Amara? – El joven apretó su mandíbula, su cuerpo contra el de la chica y sus manos alrededor de las muñecas de Amara y, al mismo tiempo, está soltó un gemido de dolor. – Lo siento, Günter, está noche me voy a casa de mi padre. – Y sí se permitía darle explicaciones a él, era por qué a ella también le gustaba pasar noches con él. Le encantaba sentirse deseada por un hombre como aquel, mas ella se estaba enamorando de la persona equivocada. Ella, más que cualquiera, conocía a Günter, ambos eran mejores amigos y amantes adolescentes. Habían crecido juntos aunque de maneras diferentes. – De acuerdo. –Susurro el alemán y dejo en libertad a su acompañante. Tomo su chaqueta por el estreno superior para ponerla en su lugar y quitar las arrugas que se habían formado en ellas; Amara hizo algo similar con su falta y camisa. El rechazo no le gustaba, eso estaba claro, mas sabía las pocas veces que su acompañante podía estar con su padre, en ese aspecto Günter sentía envidia de ella. Ella si tenía padres.

El moreno abrió la puerta de su habitación, pero Amara la cerro y poso su mano sobre la de él. – Te quiero. – Bisbiseo la mujer sin darle tiempo al alemán de responder, pues sus labios se juntaron con los de él. El rodeo su cintura y ella su cuello. La lengua de ambos entro en contacto en la boca del contrarió. Para ella aquel beso significaba amor, para él no era más que eso, un beso. Minutos más tarde de aquel suceso, el moreno se hallaba en la biblioteca, sentado frente a su abuela y tomando un delicioso té que está misma mujer se había molestado en hacer para él. – Bien, abuela, vayamos al grano. Ya está bien de rodeos. – La irritación del moreno podía notarse en su tono de voz. - ¿Para qué me has mandado a buscar? – Una carcajada salió a través de los labios de la abuela Wender. - ¡Qué exasperante eres, hijo mío! Igual a tu padre. – Comento la mujer y seguidamente dejo la taza de té sobre la mesa que yacía frente a ella. – Pueden irse. – Hijo un gesto con la mano hacia los sirvientes que se hallaban en la habitación; y acto seguido, los aludidos se retiraron rápidamente del lugar. – Ya tienes la suficiente edad para conocer un secreto familiar, el cual ha sido descubierto por tu abuelo días antes de su fallecimiento. – Comenzó a decir la mujer con un tono misterioso que le molestaba al joven. – Hace unos años tu abuelo me contó una historia, contaba la historia de una judía y un alemán, ambos habían engendrado a una pequeña, aquel acto había sido un error por parte de ambos. Pero no voy a entrar en detalles. La cosa está en que una judía, descendiente de los Wender, asesina a un joven de su misma generación; es decir, los dos hijos que tuvo tu tatarabuelo Arnold, fueron asesinados por la judía con la que había estado Arnold, está mujer recibía el nombre de Aizele. La niña que Arnold y Aizele engendraron recibía el nombre de América, fue está quien asesino a los nietos de su propio padre que eran sus sobrinos, uno de ellos era tu bisabuelo. ¡Ya puedes imaginarte de la clase de personas que te estoy hablando! – La mujer alzo un poco la voz a causa de indignación. - La hija de América, asesino a tu abuelo Leopold, quien se quedó sin padres a una temprana, al igual que tú. La mujer que mato a tus padres se llama Lucía, ¡la muy desgraciada aún sigue ensuciando el mundo con su presencia! –El moreno entendía todo, no era tonto, sabía que el próximo en la lista era él. – Por ende, tú eres próximo. La cuestión está en que tú tienes ventaja, pues sabes la verdad. Tú abuelo fue quien lo descubrió todo, pero muy tarde he de admitir. – Él joven estaba sereno, tranquilo y despreocupado. No tenía miedo, no había razón para tener miedo, era una judía, una asquerosa judía, cuya familia se había encargado de destruir a su familia. Ella pagaría, junto con lo que le quedaba de familia y él se encargaría de ello. – Bien, ¿Y cuál es el nombre de la susodicha? – Pregunto enarcando una ceja. – Circe Van Lacke. Carezco de cualquier otro tipo de información. – Se encogió de hombros. – No hay problema abuela. Solo una cosa más. – Inquirió antes de retirarse de la habitación. - ¿Qué pretende usted que haya yo respecto a esto que me acaba de informar? – No es que fuera a obedecer las peticiones de su abuela, pero quería saber su opinión respecto al tema. – Protegerte, cuidarte y mantener a la familia Wender. – El joven rió a carcajadas falsas ante el último comentario de la mujer. – Me retiro a mis aposentos, abuela. Con su permiso. – Eludio los gesto que hacía su abuela para intentar detenerle y se marcho a su habitación. La mujer se había quedado indignada ante la actitud tan despreocupada que tomo su nieto ante la situación, parecía no importarle en absoluto. Pero si le importaba. ¿Cómo no importarle? Tan solo que él se tomaba las noticias como esas a su manera. Él daría fin aquel problema tarde o temprano. Nadie sentía más odio que él en su interior, aquello era una ventaja en casos como estos.

jueves, 1 de abril de 2010

Mi corazón llora #

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Porque mi alma ya no tiene fuerzas, porque mi corazón cada vez late más lento, por nada tiene sentido cuando no tienes nada. Quiero calmar ese dolor que se haya en mi corazón y parece no cesar nunca. Yo sí, es cierto, siento envidia por la vida de otros, porque ellos tienen eso que yo tanto anhelo, la felicidad. La muy odiada felicidad, la maldita felicidad que se necesita para poder ser feliz; ojala y no existiera. Ojala no existiera el ser humano, ojala nunca hubiéramos aparecido en el mundo, porque al fin y al cabo nunca hemos hecho algo que valga la pena. Odio, dolor y sufrimiento, eso es lo único que provoca el ser humano y nada más. La vida no tiene ningún sentido cuando solo odias, sientes dolor y sufrimiento, nada vale nada. Todo es color gris, el cielo, el aire, la vida, la esperanza. Y tu corazón no hace más que llorar para intentar sacar el dolor de tu alma, pero no funciona, las lagrimas siguen cayendo y el dolor permanece, hasta parece hacerse más intenso, intenso como las personas. Las personas, no sirven de nada, porque son las causantes de ese dolor que amarga tu vida, son ellas las causantes de que te sientas tan sola, de que quieras morir en vez de seguir viviendo. Y dependes de ellas, para todo, porque la felicidad se consigue con ellas y si te limitas a no estar con ellas te sientes como yo, sola… ¿Y en donde está la solución, entonces? ¿Qué es lo que hago mal? ¿Qué es lo que está mal en mí? ¿Cómo lo soluciono? Ya lo sé, todo lo hago mal, no valgo nada pues soy una mala persona, una egoísta, mentirosa, envidiosa e inútil, mas yo no lo siento así del todo, si yo siempre he estado hay para los demás, para ayudarles cuando necesitaran algo, yo siempre estuve allí, pero al parecer no lo hice bien y lo siento, mis intenciones nunca han sido las incorrectas y nunca he dado nada para recibir nada, no doy para recibir, mas es cierto que a veces doy porque yo necesito más de esa ayuda. Necesito amor, comprensión, cariño, amistad, nunca he tenido nada de esto que sea sincero y no lo digo por decirlo lo digo porque así lo siento y porque al final, cuando pienso que no era así, me doy cuenta de que se trataba de eso, de una falsedad. ¿Acaso soy tan miserable? Y lo sé, la vida es dura, demasiado dura, pero a la vez muy injusta. Yo no pedí dejar a mis seres queridos, yo no pedí esta vida, más aún así, la recibí, con los brazos abiertos y sin ningún tipo de quejas al principio, pero ahora no puedo callar esas quejas, lo intento, intento no bajar y seguir arriba sin quejarme, pero soy débil, demasiado débil y no quiero ser así, no quiero ser lo que soy. Quiero ser mejor persona, quiero cambiar la cantidad de cosas que siempre hago mal, pero no, soy una inútil y nadie parece estar interesado en ayudarme. Entonces, si es así, quiero morir. Ir a un lugar lejano, donde el dolor no exista, quiero vivir en un mundo donde no sienta nada, ni felicidad ni dolor. Quiero ir a mi imaginación donde se hallan todas esas cosas que una vez imagine, que una vez cree y le di vida. No es el mundo de nunca jamás, porque en mi mundo nada es lo que parece, en mi mundo nunca sabrás quién es quién, nunca dirás nunca. En mi mundo, tú serás quien quieres ser…